miércoles, 29 de septiembre de 2010

La Soberana

Autores: Quintero, León y Quiroga
Por lo hermosa y lo sencilla,
no se ha visto maravilla semejante.
Ni tumbaga, ni pulsera,
ni parné en la faltriquera, ni un amante.
Dicen los guapos de Triana:
tú no eres rosa, ni eres flor,
tú eres para mi la Soberana,
y en Soberana se quedó.
Pero en las noches de luna y lucero
de mayo y abril,
cuando en su reja florece un te quiero,
les suele decir:

Soberana, 
no llamarme Soberana,
que yo no lo puedo ser.
Mientras viva, 
sabe Dios que estoy cautiva,
del imperio de un querer.
Te tendré como oro en paño,
por su madre me juró,
nunca más si yo te engaño,
vuelva a ver la luz del sol.
Soberana, 
y aunque aquella letanía,
no pasó de mi ventana,
mis banderas están abatías,
de noche y de día.
¡No llamarme Soberana!

Pero el tiempo corre y vuela,
y llegando a su cancela, muy compuesto,
un señor de Campanillas,
se la lleva de Sevilla para los restos.
Iba casada como Dios manda,
pero al volver la vista atrás
el corazón se le desmanda,
vaya usted a ver por quién será.
Tiene más lujo, dinero y diamantes
que el mismo Rothschild,
mas si su dueño le pide que cante,
le suele decir:

Soberana, 
no llamarme Soberana,
que yo no lo puedo ser.
Mientras viva, 
sabe Dios que estoy cautiva,
del imperio de un querer.
Te tendré como oro en paño,
por su madre me juró,
nunca más si yo te engaño,
vuelva a ver la luz del sol.
Soberana, 
y aunque aquella letanía,
no pasó de mi ventana,
mis banderas están abatías,
de noche y de día.
¡No llamarme Soberana!
La Soberana - Juanita Reina

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