jueves, 30 de septiembre de 2010

Candelaria, la del Puerto

Autores: Quintero, León y Quiroga
Candelaria, la del Puerto, 
es la rosa de la playa,
un jazmín entre los labios 
y en los ojos todo el mar.
Y en cuestiones de cariño 
a los hombres tiene a raya,
porque sabe dar desplantes 
y es mujer buena y cabal.
Antonio, el de Punta Umbría, 
le dijo que la quería,
pero Candela lo rechazó,
y el mozo en los mostradores,
apuestas hizo de amores
y una calumnia le levantó.
Y en las olas de espuma de la bahía,
una copla bailaba de noche y día.

Candelaria, la del Puerto, 
anda y mire usted, dice 
que el querer nunca ha conocido,
y aunque afirma que eso es cierto,
¡ay, válgame Dios!,
por lo menos yo no me lo he creído.
Y si no, ¿quién fue aquel mozo
que llegó de El Arahal
y con ella junto al pozo
platicó de madrugada?
¿A que poner centinela
en las tapias de su huerto,
si después hay quien se cuela
silencioso como un muerto?
Y hasta le abre con cautela,
con su mano la cancela,
Candelaria, la del Puerto.

Candelaria, la del Puerto 
ante el falso testimonio,
en lugar de echarse luto, 
se ha vestido de color.
Y la gente la miraba 
ir del brazo del Antonio,
que gastaba en sus caprichos 
más dinero que un milord.
El pueblo dijo y redijo
que fue por mor de un alijo,
de unos brillantes y de un collar.
Y Antonio, el de Punta Umbría,
con un tiro, ya sin vida,
lo echo a la playa la bajamar.
Y en la oscura bahía
cuando hay levante,
sobre el agua sombría,
se mece un cante.

Candelaria, la del Puerto
no sabe de nada,
para contestar, 
que si fue un delito;
y lo jura y es bien cierto,
que en tocante a amor,
nunca discutió
con el tal mocito.
Una copla levantaron
contra mí como un puñal,
y las olas se encargaron
de vengarme del cantar.
Soy yo misma carcelera
de las tapias de mi huerto,
y si alguno se atreviera,
por mis vivos y mis muertos,
que lo mismo que las fieras,
contra todos se defendiera,
Candelaria, la del Puerto.

Averigüe usted,
dónde está el parné
con el contrabando.
Lo pueden buscar
desde Gibraltar
hasta San Fernando.
Ni diamantes, ni pulseras,
ni zarcillos, ni collar,
yo no arrío mi bandera
por tan poco capital.
Voy vestida de cristales
con el alma al descubierto,
quien se acerque a mis umbrales
no dirá que no le advierto,
que entre lirios y rosales,
ha sembrado también puñales,
Candelaria, la del Puerto.
Candelaria, la del Puerto - Concha Piquer

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Maricruz, la de Mairena

Autores: Quintero, León y Quiroga
Más firme que una atalaya,
más pura que la azucena,
tan bonita como un ramo
de clavellinas en flor.
Venía de noche a verla
hasta el pueblo de Mairena,
un galan aceitunaó
que andaba tras de su amor.
Y en la taberna se creyó,
que era más hombre,
al calumniar de la flamenca,
su buen nombre.

Maricruz, la de Mairena,
aunque muere de pena,
os dará lo mejor de su cante,
que el pesar que la envenena,
ella entierra en la arena,
para seguir con su cante, adelante.
El tesoro de coplas que sé,
no lo pueden humillar, ni empañar,
que aún quedan mujeres,
que me vais a sentir de cantar,
y ¡alegrarse conmigo, señores,
que el agua turbia, no mancha la mar!

Lo hallaron de cara al cielo,
sin vida, una madrugada,
a la vera justamente,
del patio de Maricruz,
dijeron que fue de un duelo,
o tal vez una emboscada,
pero todo fue un misterio 
que nunca salió a la luz.
Que fue un castigo de su lengua maldeciá,
es la versión que corre el pueblo noche y día.

Maricruz, la de Mairena,
aunque muere de pena,
os dará lo mejor de su cante,
que el pesar que la envenena,
ella entierra en la arena,
para seguir con su cante, adelante.
El tesoro de coplas que sé,
no lo pueden humillar, ni empañar,
que aún quedan mujeres,
que me vais a sentir de cantar,
y ¡alegrarse conmigo, señores,
que el agua turbia, no mancha la mar!
Maricruz, la de Mairena - Rocío Jurado

La Soberana

Autores: Quintero, León y Quiroga
Por lo hermosa y lo sencilla,
no se ha visto maravilla semejante.
Ni tumbaga, ni pulsera,
ni parné en la faltriquera, ni un amante.
Dicen los guapos de Triana:
tú no eres rosa, ni eres flor,
tú eres para mi la Soberana,
y en Soberana se quedó.
Pero en las noches de luna y lucero
de mayo y abril,
cuando en su reja florece un te quiero,
les suele decir:

Soberana, 
no llamarme Soberana,
que yo no lo puedo ser.
Mientras viva, 
sabe Dios que estoy cautiva,
del imperio de un querer.
Te tendré como oro en paño,
por su madre me juró,
nunca más si yo te engaño,
vuelva a ver la luz del sol.
Soberana, 
y aunque aquella letanía,
no pasó de mi ventana,
mis banderas están abatías,
de noche y de día.
¡No llamarme Soberana!

Pero el tiempo corre y vuela,
y llegando a su cancela, muy compuesto,
un señor de Campanillas,
se la lleva de Sevilla para los restos.
Iba casada como Dios manda,
pero al volver la vista atrás
el corazón se le desmanda,
vaya usted a ver por quién será.
Tiene más lujo, dinero y diamantes
que el mismo Rothschild,
mas si su dueño le pide que cante,
le suele decir:

Soberana, 
no llamarme Soberana,
que yo no lo puedo ser.
Mientras viva, 
sabe Dios que estoy cautiva,
del imperio de un querer.
Te tendré como oro en paño,
por su madre me juró,
nunca más si yo te engaño,
vuelva a ver la luz del sol.
Soberana, 
y aunque aquella letanía,
no pasó de mi ventana,
mis banderas están abatías,
de noche y de día.
¡No llamarme Soberana!
La Soberana - Juanita Reina

martes, 28 de septiembre de 2010

Soleá

Autores: Valverde, León y Quiroga
En un rinconcito del Patio Banderas,
allá en mi Sevilla, un día nací,
y tuve por cuna, fandango y solera
y por sonajero, la Feria de Abril.
Noche sevillana, divino tesoro,
el Alcázar duerme, soberbio y real,
mientras la divina torre de los moros
se asoma hasta el patio para verlo soñar.

¡Soleá, Soleá del alma mía!,
blanca rosita de abril,
me estás quitando la vida.
¡Y yo sin ti no puedo vivir ,
porque a canelita y clavo,
Soleá de mi alma, 
me hueles tú a mí!

De mi rinconcito del Patio Banderas,
buscando otro cielo un día me fuí,
y lleve mis coplas por tierra extranjera,
lo mismo que un ramo de rosas de abril.
Tuve cuanto quise, brillantes y oro,
mas de tanta gloria me llegue a cansar,
y volví una noche a mi patio moro,
para escuchar la copla de mi Soleá.

¡Soleá, Soleá del alma mía!,
blanca rosita de abril,
me estás quitando la vida.
¡Y yo sin ti no puedo vivir ,
porque a canelita y clavo,
Soleá de mi alma, 
me hueles tú a mí!
Soleá - Estrellita Castro

A tu vera (Quintero, León y Quiroga)

Autores: Quintero, León y Quiroga
Entre un olé y un suspiro,
vengo a quedarme a tu vera,
ya no me importan los tiros,
con tal de que tu me quieras.
Un corazón que te adora,
tienes, serrano, a la vista,
la que era ayer gran señora,
se ha vuelto contrabandista.

A tu vera, verita, a tu ve...
tengo que ser la luz de tu vida.
A tu vera, verita, seré 
rosita y clavel, de noche y de día.
Es tuya mi vida entera,
por siempre me has de tener
de tu querer prisionera.

No tengas remordimiento,
por lo que yo estoy penando,
porque ya no te consiento,
cariños de contrabando.
Y aquella rosa tan fina,
se convirtió en hierbabuena,
y hoy tengo yo una cantina,
para la gente morena.

A tu vera, verita, a tu ve...
tengo que ser la luz de tu vida.
A tu vera, verita, seré 
rosita y clavel, de noche y de día.
Es tuya mi vida entera,
por siempre me has de tener
de tu querer prisionera.

Es tuya mi vida entera,
por siempre me has de tener
de tu querer prisionera.
A tu vera - Concha Piquer

sábado, 25 de septiembre de 2010

La Venta de los Gatos

Autor: Mostazo
Al salir de las murallas
de la vieja Macarena,
toda la gente jaranera
el columpio va a buscar.
Que en la Venta de los Gatos,
al llegar la primavera,
entre nardos y claveles,
entre nardos y claveles,
de Sevilla el alma está.

Una niña desde chica
que el ventero recogió,
el chiquillo del ventero
junto a ella se crió.
Y al crecer los dos chavales,
desde niños se han querido
y la copla del columpio
su querer la columpió.

La niña que está en la bamba
no tiene padre, ni madre,
no tiene padre, ni madre,
pero tiene mi cariño
que en el mundo es lo que vale,
que en el mundo es lo que vale,
la niña que está en la bamba.

En la Venta de los Gatos
se acabó toda la alegría,
que hembra de gran porte
a la niña reclamó.
Y la gente de justicia
que no entienden de la vida,
de la Venta de los Gatos,
al llegar la primavera,
la mocita se llevó.

Pobre y triste del sentido
vive el hijo de aquel viejo,
un retrato mira de ella
que no sabe quién pintó.
Y una tarde aquel muchacho
algo vio venir hacia él, lejos,
y abrazándose a su madre
sollozando así cantó:

Mi niña no está en bamba,
por la venta la han pasado,
por la venta la han pasado,
lleva la carita blanca
como un lirio desojado,
como un lirio desojado,
mi niña no está en bamba.
¡Ay!
La Venta de los Gatos - Gracia de Triana

viernes, 24 de septiembre de 2010

Pepa Bandera

Autores: Quintero, León y Quiroga
Y era de hermosa igual que una flor,
Pepa Bandera de Puerto Real,
¡vaya canela cantando!
¡y vaya bailando qué ángell, qué sal!
Andalucía se puso de pie,
y las campanas se echó a repicar,
y por Triana y Sevilla
corrió esta coplilla de acá para allá.

Pepa, no me des tormento,
Pepa, déjalo correr,
Pepa, vivo de tu aliento,
Pepa, y muero por él.
Si tú me quisieras, podrías tener
pulseras y anillos de plata y coral,
y nada más pedirlo te habían de poner
un trono en la tierra y un barco en la mar.
Pepa, no me des tormento,
Pepa, déjalo correr,
Pepa, que se lleve el viento,
Pepa, ese mal querer.

Pepa Bandera se puso a querer
y en su ceguera dejó de bailar.
¡Vaya serrana sintiendo,
ninguna queriendo la pudo ganar!
Y los mocitos de Huelva y Jerez,
y los gitanos de Loja y Granada,
la van de noche llamando
sus calles rondando con este cantar.

Pepa, no me des tormento,
Pepa, déjalo correr,
Pepa, vivo de tu aliento,
Pepa, y muero por él.
Si tú me quisieras, podrías tener
pulseras y anillos de plata y coral,
y nada más pedirlo te habían de poner
un trono en la tierra y un barco en la mar.
Pepa, no me des tormento,
Pepa, déjalo correr,
Pepa, que se lleve el viento,
Pepa, ese mal querer.

Lo que estas pasando, serrana, por él
que nadie lo sepa, ni pueda notar,
tu sigue bailando lo mismo que ayer,
y ¡Viva, la Pepa de Puerto Real!
Pepa, no me des tormento,
Pepa, déjalo correr,
Pepa, que se lleve el viento,
Pepa, ese mal querer.
Pepa Bandera - Lola Flores